• Ana del Pino Jamin

Las pompas de jabón de nuestro Ego y el Poder de la Plena Presencia


Mira detenidamente esta foto, esta imagen. ...¿Qué ves?

Posiblemente lo primero que te llamará la atención serán las pompas de jabón, hábilmente creadas y conducidas por “el chico de las pompas”. Podrás pensar: “¡Qué pompas más bonitas! cómo llenan el cielo, sobrevuelan la arena, algunas dentro de otras, llenando el espacio…. Me llevan a mi infancia, a mis recuerdos con mis padres, a las peleas con mi hermano por compartir la pequeña varilla de plástico que cuando se soplaba dentro llenaba nuestra habitación de la magia efímera de las pompas que explosionaban, mi hermano que era el ojito derecho de mi madre….” Seguirás enlazando tus pensamientos, tus recuerdos…. Se irán encadenando imágenes del pasado, o de aquello que has hecho durante la mañana; se encadenarán pensamientos tras pensamientos, unos en otros: las burbujas de tu infancia pasarán a ser tal vez la metáfora de tu sueldo, que en cuánto llega se va, se desvanece como una burbuja de jabón, y pasarás entonces a preguntarte cómo podrás pagar las vacaciones que le habías prometido a tu familia: el viaje a Eurodisney o a Roma, o a las Islas aquellas tan hermosas que viste un día con tu pareja, cuando pensabas que con sólo un click podías conseguirlo todo…. Click… Ahora que dices Click… No recuerdas si has apagado correctamente el ordenador, estará seguramente encendido y no sabes si guardaste aquél trabajo tan pesado que has hecho durante la semana…. Vaya semana que has tenido, todo el tiempo aguantando a tu jefe, metido en su burbuja de egoísmo y exigencia, que no para de ordenarte que lo hagas todo a la perfección, como lo hacía tu padre, siempre… No te darás cuenta, pero te habrás pasado un buen rato mirando esas burbujas de la foto, sin ver lo que ahí ocurre en realidad. Y pensarás, tal vez, que lo único que es real son precisamente esas burbujas que todo lo llenan.

Así son nuestros pensamientos, así es nuestro ego, “el chico de las pompas”. Nuestros pensamientos son como las burbujas de la foto pero opacos, densos, no permiten ver más allá de ellos mismos; lo llenan todo, se encadenan uno tras otro, se multiplican, se meten uno en otro, hacen ruido y llenan nuestro mental, se agitan en nuestra mente de manera compulsiva y no nos dejan en paz. Los seguimos, como si no fuéramos capaces de vivir sin ellos. Su voz se hace tan presentes en nuestro mental que no podemos dejar de escucharlos, como un constante runrún. Por lo general, nos sorprenderá ver que en la mayoría de ocasiones no somos realmente conscientes de la cantidad de tiempo que pasamos con esta voz, con este runrún en nuestro mental; lo que si es cierto es que estos pensamientos ahí están. Su contenido, además, suele ser negativo, nos suele llevar a sentirnos inseguros, ansiosos culpables, responsables, obligados… Nos llevan a desconfiar de nuestras capacidades, y nos alejan, de forma paulatina pero segura, de lo que realmente somos: seres de luz, de amor, seres llenos de verdadera magia creadora. Nos alejan de lo que somos, para buscar en los demás lo que ya tenemos y desconocemos de nuestra esencia: amor. Nuestros pensamientos nos atormentan y nos llevan a creer que lo que está fuera de nosotros es la verdad; que el amor, la confianza, el reconocimiento lo hemos de buscar fuera, en los demás, en las palabras de agradecimiento, de ánimo, de amor que los demás nos pueden “regalar”. Así, de forma casi sibilina, nos volvemos dependientes de la mirada del otro y buscamos en éste lo que no sabemos tener, pero tenemos.

Vivimos con nuestros pensamientos en el pasado o en el futuro, nos movemos de uno a otro, pasamos de la culpa del pasado a la inseguridad del futuro. Pero no estamos en lo que realmente vivimos. No estamos presentes, en el aquí y ahora.

Éste es nuestro ego, “el chico de las pompas”: esa parte nuestra que busca desesperadamente el amor y el reconocimiento fuera de nuestro ser. Para forzarnos a seguir buscando lo que ya tenemos, producirá esa cháchara casi constante en nuestro mental, nos hará dudar, nos esclavizará a la mirada y al juicio de los demás: seremos entonces juicio y razón, juzgaremos a los demás y a aquello que ocurre fuera y dentro de nosotros y nosotras, por que así habremos aprendido a vivir. Nuestro ego es, en realidad, nuestro sufrimiento, nuestra insatisfacción constante. Existe desde siempre, tan es así que tanto Buda como Cristo basan sus enseñanzas en el sufrimiento. Para Buda, la Iluminación significa trascender la ignorancia y el sufrimiento (la ignorancia de lo que en realidad somos) y para Cristo necesitamos sufrimiento para alcanzar la “salvación”, para llegar al reino de los cielos: para ambos entonces, hemos de trascender nuestro ego, nuestro sufrimiento. Nos preguntamos entonces si el ego es “tan malo”. No, no es malo; es en realidad nosotros mismos, esa imagen de nosotros que nos permite vivir en este mundo. Pero podemos aprender a vivir en este mundo escuchando más a nuestro Ser. Ego y Ser, son en realidad una única cosa, una “no dualidad”, una “unicidad” que se presenta de dos maneras diferentes.

Si nuestro Ego nos proyecta hacia fuera, nuestro Ser nos lleva hacia nuestro interior, hacia nuestra esencia verdadera: ese ser de luz y amor que somos en realidad.

Nuestro ego se anida en nuestro mental, y éste en nuestro cerebro izquierdo, aquél que todo lo planifica, lo juzga, lo ordena, lo prevé, lo enjuicia, lo calcula, ….. Ese es, según algunos autores “la casa” de nuestro ego. El cerebro derecho, el cerebro creativo, libre, alejado de juicios y de sufrimiento es, según los mismos autores, la expresión del “Ser”: la expresión de nuestra energía, de nuestra luz propia, de nuestro brillo, de nuestro amor. Es la risa, la alegría, la creatividad, la vuelta a la infancia desbordante de energía, la observación de lo que realmente hay dentro y fuera de nosotros trascendiendo nuestros pensamientos y nuestros juicios de valores. Es el que “deconstruye" la “realidad” y nos lleva a buscarnos y a encontrarnos en lo que vemos en nosotros, en nuestras capacidades infinitas de desarrollo y de ser.

Sin embargo, la cultura en la que vivimos, el mundo en el que estamos ha priorizado el desarrollo de nuestro cerebro izquierdo, de la casa de nuestro Ego, más calculador pero también más fácilmente sometible a las “normas formales”. Nos ayuda, cierto. Nos permite vivir en esta sociedad sin ser etiquetados de “locos”, dotándonos de una personalidad que nos da identidad y por lo tanto nos permite sentir que “existimos”, esclavos eso sí de “la verdad que está ahí fuera, ahí fuera de nosotros mismos” … Nos distrae, no nos permite estar plenamente presentes en lo que estamos. Nos hace vivir en piloto automático y en hacer, hacer y hacer; limita nuestra capacidad de atención, de escucha, de concentración, de plena presencia y atención hacia el otro, de compasión verdadera.

Entonces, ¿qué podemos hacer para alejarnos de las pompas de jabón de nuestra cháchara mental y para volver a nosotros, al aquí y ahora a nuestra verdadera esencia y a nuestra presencia?

Podemos empezar por aprender a respirar de nuevo, a centrarnos en nuestra respiración y en nuestro cuerpo, a englobar en nuestra respiración todo aquello que ocurre en nuestro alrededor y en nosotros mismos. Podemos aprender a ser “plenamente conscientes” de todo aquello que nos rodea y de todo aquello que sentimos mientras simplemente estamos, trascendiendo nuestros pensamientos, dejándolos pasar, observándolos desfilar sin “engancharnos” a ellos. Cuando sentimos que nuestro mental se va hacia la cháchara de nuestro pensamiento, hacia nuestra voz interior que todo lo juzga, podemos volver a observar nuestra respiración y a sentir nuestro cuerpo. Poco a poco, conseguiremos que nuestros pensamientos se vuelvan transparentes, se diluyan, y podremos ver así lo que realmente ocurre en nosotros y ante nosotros.

Intentadlo ahora: Cerrad los ojos, centraros en vuestra respiración, observadla simplemente, así sin juzgarla, inhalad y exhalad observando el recorrido del aíre que entra por vuestra nariz y sale, tal vez por vuestra boca; luego, tras tres o cuatro respiraciones, observad vuestro cuerpo, observad cómo está, sin juzgar podéis ver si tenéis alguna tensión. Posteriormente, abriros plenamente a la experiencia de este momento, de este preciso instante, simplemente abriros a estar realmente presentes, aquí y ahora. Volved a abrir los ojos y a mirar la foto…. Y ahora, ¿qué veis tras las pompas de jabón?

Yo veo innumerables facetas del amor, de esa energía que somos y que nos habita…. ¿Las veis vosotros también?

En mi próximo curso gratuito de “Mindfulness” para Barcelona Activa, podréis aprender a centraros en el aquí y ahora y recuperar nuestra esencia innata de “Ser Presente”

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http://w27.bcn.cat/porta22/cat/activitats/edit-ws/co23--mindfullness-com-a-eina-per-a-aconseguir-l-exit-professional-x4.do?idActivitat=805122

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Ana del Pino Jamin. Psicología SeiszEnTidos.

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